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Sí, un club de lectura más

La cosa está empezando a cambiar ligeramente, pero la mayoría de los autores a los que se da cancha en medios, planes de estudio, artículos sesudos se dedican a hombres (y en el mayor de los casos, además, blancos heterosexuales). Se sigue hablando de literatura «de mujeres» en tono despectivo (no se habla de literatura de hombres) y todos hemos crecido con lecturas obligatorias que ofrecían una única perspectiva. Hasta la lectura que se considera «rebelde» y «contracultural» cuando empiezas a leer otras cosas no creo que haya envejecido bien: honestamente, la idea de releer a Kerouac, Salinger o Bukowski me da una pereza tremenda.

Llevo un par de años buscando de forma consciente libros escritos por mujeres, autores LGBTQ, de otras razas y latitudes, que me cuenten o descubran una forma de ver el mundo y unos problemas que se han ignorado, ninguneado y despreciado. Por el camino he descubierto autoras como Nona Fernández, Reni Eddo-Lodge, Mona Chollet o he leído a autores que me han descubierto cómo era la vida para las mujeres japonesas antes de la Segunda Guerra Mundial o para los Panteras Negras presos, porque insisto, no se trata de cerrar las puertas a los hombres, sino de abrírselas a quienes no escriben desde el privilegio (uno de los libros más irritantes que he leído este año es uno en que Tom Wolfe echaba por tierra cualquier avance o innovación de la Bauhaus desde una atalaya en la que reclamaba el lujo) ni a mujeres que perpetúan todo aquello (un libro que no pude ni terminar este año, pese a estar escrito por una mujer, trataba de convencerme de lo feministas y revolucionarias que son películas como «Dirty Dancing» o «La princesa prometida» en las que casualmente se perpetúa el cliché de dama en apuros rescatada por hombre y/o que sólo descubre la felicidad de la mano del amor heternormativo). Así que no, no se trata de vetar a hombres, sino de abrir las puertas a todo lo que nos cuente otra forma de ver el mundo.

He creado una Tiny Letter para enviar la información del libro que se leerá cada mes, con información también del autor elegido o alguna lectura relacionada o recomendada. Y también una cuenta de Instagram, por si alguien lo prefiere.

Y mañana, ya, desvelo el libro que dará comienzo a esta nueva locura.

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Berlin Babylon

Quienes vivimos en Berlín nos pasamos el día con lo del «Berlín ya no es lo que era». Cuando me vine a vivir, hace casi seis años, quienes llevaban más tiempo que yo lo decían, y ahora me veo a mí misma diciéndoselo a quienes no llevan más que unos meses en la ciudad, como si fuera un abuelo cascarrabias… pero en realidad no es más que la constatación de que Berlín está empezando a reclamar su sitio como capital europea, y eso pasa por dejar de ser esa ciudad de andar por casa en la que parecía haberse detenido el tiempo y a la que no le importaba nada lo que pensaras de ella o estar presentable.

Las cosas han cambiado mucho: en Warschauerstrasse han abierto un centro comercial gigante al que me he negado a entrar, Tacheles hace tiempo que pasó a manos inversoras extranjeras, el Clärchens Ballhaus lo cierran por reforma en 2020 (esperemos que respeten el interior), a Teufelsberg se entra previo pago y los graffitis han quitado protagonismo al edificio y hasta Beelitz se puede visitar ya sólo previo pago de 10 euros (entrar ahí ha pasado de ser una actividad clandestina e ilegal a un tour más con su rating en Trip Advisor). No es que quienes vivimos aquí queramos una ciudad que se cae a pedazos, pero si hay un sentimiento generalizado de gentrificación a machas forzadas, de pensar en el inversor extranjero en vez de en quien vive aquí, de tirar abajo todo lo viejo… y ser un poco cutre: la apertura del nuevo aeropuerto de Berlín lleva años aplazada y mientras van supliendo las carencias de Schönefeld a base de añadir módulos prefabricados.

En «Berlin Babylon« (nada que ver con la serie), el director Hubertus Siegert documentó el proceso de transformación que se dio en Berlín tras la caída del muro: desde la construcción de la nueva cúpula del Reichstag a los edificios que ahora se elevan en Potsdamer Platz pasando por el gran debate sobre el destino del Palast der Republik (spoiler: se tiró abajo y se está reconstruyendo el palacio original anterior a la guerra). En las imágenes que grabó durante tres años se ve un Berlín vacío, que aún lleva las cicatrices de la guerra y del muro, con casas que se caen a pedazos, muchas hasta sin cristales en las ventanas, solares abandonados, poquísimo tráfico, menos gente aún en las calles y mucha desolación. Es la cara de un Berlín que empezaba a despertar, en el que todo era posible, pero como lo es cuando los niños juegan en un descampado a imaginan que están en una isla buscando un tesoro.

El documental de Siegert muestra ese momento en que la clase política debe enfrentarse a la necesidad de construir espacios y edificios públicos y se reúne con arquitectos de todo el mundo. Casi todos parecen obsesionados con construir centros comerciales y edificios de oficinas cristal, como si las personas sólo importasen como consumidores y trabajadores. Hay algunos arquitectos que sí se plantean y reflexionan sobre el peso de la historia en Berlín o que dedican sus esfuerzos a rehabilitar casas que se caen a pedazos, pero son mayoría los que piensan en una megalópolis que gire en torno a trabajar y consumir, en ser parte del rodillo, en definitiva, y en gentrificar mucho antes de que la palabra se popularizara.

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Escapada a Dessau desde Berlín

Casa de los maestros

Ir a Dessau era una de esas cosas que tenía pendiente, el típico viaje que precisamente por estar tan cerca he ido dejando casi seis años. Ahora ya sí que no tenía escapatoria: con el centenario de la Bauhaus, es casi imposible pisar la calle sin encontrarse carteles en cada esquina anunciando exposiciones o eventos relacionados (escribí para El Salto sobre el centenario a principios de año), así que la idea de escaparme a Dessau volvió a tomar forma, máxime después de averiguar que se puede dormir en la que fue la residencia de estudiantes de la Bauhaus (todos los fines de semana están ya ocupados hasta 2020, pero entre semana, es cuestión de escribir con tiempo y la noche sale por 40 euros).

Kornhaus

Llegar a Dessau lleva entre dos horas -si se coge el tren regional directo– y hora y media si se hace un transbordo o en autobús, pero hay menos frecuencia y la verdad, a mí no me cuadraban los horarios, pero sale más barato y la opción existe.

Bauhaus

La estación de tren queda a 600 metros del edificio de la Bauhaus, así que si te quedas allí a dormir, más fácil imposible. Si vas en bici mejor, pero si no, y allí no quieres caminar ni alquilar una, hay una línea de autobús (la 10, si no recuerdo mal) que para en todos los edificios emblemáticos de a Bauhaus en Dessau.

Bauhaus

Si sólo quieres ver la Universidad y las casas de los profesores, en un día da tiempo de sobra, si quieres aprovechar y visitar la Kornhaus (donde se puede comer, iba a escribir «disfrutar» comida tradicional alemana, pero seamos realistas, la comida tradicional alemana no me mata), la Stählhaus, las viviendas de Gropius Bau en el sur de la ciudad o el economato, hacen falta dos días salvo que vayas en coche, bajes, hagas la foto y vuelvas a subir al coche hasta la próxima parada (que hay quien lo hace, pero allá cada cual).

Bauhaus

El mes que viene además se inaugura el museo de la Bauhaus, así que hay otra razón más de peso para quedarse y echar allí dos días (asomarte a tu propio balcón en una habitación y sentirte como una Bauhäuslerin es otra, la verdad). Y quien se sature con arquitectura modernista, también puede disfrutar de los incontables parques y bosques de la ciudad (que no viene nada mal cuando te pilla una de esas olas de calor que que convierten a Alemania en una versión de Madrid sin aire acondicionado).

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Berlín más allá de las guías

Siempre que viene alguien de visita se repiten dos preguntas: qué ver que no sea lo típico y dónde comer. Estos dos mapas (que están en permanente revisión, al menos el de sitios para comer) deberían responder a ambas preguntas. Los sitios están marcados en el mapa, el por qué son interesantes ya le toca a cada uno, que para eso está internet (al margen de que lo que le interesa a X no le tiene por qué interesar a Z), pero todos los sitios que aparecen, tienen interés y no, no son los típicos de las guías y hay de todo: desde antiguas estaciones de la NSA a la villa olímpica del 36 pasando por el «ballhaus» más antiguo de Berlín. Y un favor: si queréis saber cómo era el muro o Berlín dividido, dejad de tomar la East Side Gallery como referencia y pasaros por Bernauerstrasse.

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Libros «incómodos»

No creo que haya leído más este año que otros, puede que algo más (dos meses encerrada en casa con un dedo roto sin duda han ayudado), pero lo que es seguro es que he leído más libros «incómodos» y casi ninguna novela ligerita. Algunas de las cosas que he leído son tan obvias, tan evidentes y tan conocidas que no voy a detenerme en ellas (la lista completa la tenéis aquí, hay de todo, hasta libros malos, pero tampoco aspiro a ser Sartre)pero en otros sí (muchos en inglés, porque es el idioma en que los he leído y/o encontrado):

  1. Eating animals, Jonathan Safran Foer

Desagradable. Mucho. No sé si alguien puede comerse un filete después de leerlo, de comerlo sin pensar de dónde viene, el sufrimiento que conlleva, el coste medioambiental que tiene… si alguien lo lee y no cambia un sólo habito de consumo ni se hace preguntas, por favor que me deje de hablar porque no me interesa. Sabemos que las granjas industriales son inhumanas, quien no ha visto vídeos es porque no quiere, pero aquí te cuentan hasta las mentiras de las granjas «bio» o los pollos criados «al aire libre». El coste medioambiental da para otro libro, en concreto recomiendo que leáis This changes everything de Naomi Klein. Y ya puestos, ved la cara oculta de la industria de la moda en The True Cost.

2. Factor AFD, Andreu Jerez y Franco Delle Donne

Todos los opinadores de redes sociales que saben mejor que nadie lo que pasa en Alemania sin haberla pisado desde su viaje de fin de curso del 93 y los que dicen cosas como «en Alemania no hay partidos como Vox» por favor, pasen por caja y compren este libro. Creo que es el libro que más he recomendado a todo el que me pregunta por política alemana. Además está en castellano y bien documentado.

3. Los estragos de la conquista: quebranto y declive de los indios de América, Massimo Livi Bacci

Encontré esta maravilla en Wilborada 1407, una librería de Bogotá que recomiendo a todo el que pase por allí. Investigando por internet he descubierto que lo venden también en la Casa del Libro. Narra, con pelos y señales, el impacto que tuvo en América la llegada de los españoles, con detalles que no te cuentan en el colegio como que tuvimos más esclavos que los norteamericanos. Necesario.

4. El entusiasmo: Precariedad y trabajo creativo en la era digital, Remedios Zafra

El título lo dice todo, y el contenido es fácil de imaginar: «no te quejes que trabajas en lo que te guste», es que «es lo que hay», «anda, si somos colegas, no te cuesta nada hacerme un texto, es un favor»… y al final del camino, la precariedad más absoluta.

5. Cultura Mainstream: Cómo nacen los fenómenos de masas, Frédéric Martel

Las guerras no son sólo informativas, también culturales, y efectivamente, una vez más, tienen su origen en «Trumplandia». Es interesante descubrir que pese a todo, en EEUU no lo tienen nada fácil en el mercado asiático o ver cómo el Kpop está manufacturado al detalle, igual que en China entrenan desde la infancia a los futuros atletas de élite, en Corea diseñan con cuidado cada nuevo grupo y hasta los idiomas en que van a cantar. Se lee con la misma facilidad que se escucha un disco de pop mainstream, dicho sea de paso.

6. Bad feminist, Roxane Gay

He llegado tarde, lo sé, pero he llegado, que es lo que importa.

Bonus track: aún no lo he terminado (me falta tarde y media), pero So You Want to Talk About Race de Ijeoma Oluo es otro imprescindible: no podemos llenarnos la boca con la interseccionalidad sin reconocer y asumir nuestro privilegio.

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Vuelve Tour Vértigo

 

Portada de Tour Vértigo para Libros Walden. Diseño de Manuel Donada

 

Vuelve Tour Vértigo: en papel y de la mano de libros Walden, en una edición aumentada con un nuevo capítulo en el que se explora el impacto que las redes sociales tiene para los músicos, cómo las gestionan, si son un mal necesario o una plataforma más… para ello he entrevistado a nuevos artistas, algunos de los cuales no han conocido una industria musical sin redes.

Para quienes no sepan de qué se trata, o lean sobre Tour vértigo por primera vez, se trata de una historia oral que desmonta el mito de «sexo, drogas y rock and roll» y que explora cómo es en realidad la vida en la carretera, las dificultades a las que deben enfrentarse los artistas que no tienen presupuestos millonarios a la hora de grabar disco y encontrar financiación, las horas de soledad, los encontronazos con la prensa…

Los artistas entrevistados son Adrián de Alfonso, AGF, Aïsha Devi, Alan Vega, Albany, Alexander Hacke,  Alta Cabeza, Animal Collective, Arnau Sala, Astrud, Bea Pelea, Black Dice, Carter USM, Centella, Clint, Cosey Fanni Tutti, Danielle de Picciotto, Darren Hayman, Deerhoof, Delorean, El Guincho, Faust, Ginferno, Glass Candy, Grabba Grabba Tape, Handsome furs, HEALTH, Ian MacKaye, La Bien Querida,
Liars, Lindstrom, Los Planetas, Los Punsetes, Margarita, Massieras, Matías Aguayo, Micah P.
Hinson, Oneida, Surfer Blood, Tomasa del Real, The Ex, The Wave Pictures, Uke, Wire, Wolf Eyes,
Xiu Xiu, ZA! y Zola Jesus. A todos, los podéis escuchar en esta lista de Spotify

La portada del libro, por cierto, es de Manuel Donada.

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Babylon Berlin y otras obsesiones

Lo único que he hecho este fin de semana, además de toser como si no hubiera mañana, es ver Babylon Berlin, la serie alemana basada en las novelas policíacas de Volker Kutscher. La serie se ha financiado, en buena parte, con ese impuesto de 52 euros trimestrales que tenemos que pagar quienes vivimos aquí tengamos o no tele para garantizar la independencia de la televisión pública (ése, al menos en teoría, es el motivo del impuesto, si se cumple, es algo que no puedo juzgar). Y como en Alemania con el dinero no se juega, ahora se puede ver de forma gratuita en el país (en el resto del mundo se  puede ver en plataformas de pago) e incluso algunos cines están haciendo proyecciones de la serie: y sí, efectivamente, se ha convertido en el fenómeno de la temporada aquí en Berlín. A mí esta serie me habría gustado viviendo aquí o no, porque tiene algunas de las cosas que más me interesa: Berlín, los años 20, buena música (hasta se han marcado una playlist en Spotify con los temas de la serie)… pero además, viviendo aquí, es fascinante reconocer muchos de los sitios en los que están rodados los interiores (el Delphi, la Komische Oper) o «ver» el aspecto que tenía Berlín antes de la guerra. A quien le guste la serie, no puedo dejar de recomendarle que lea Voluptuous Panic, de Mel Gordon.

Pero este mes, además, hay otras cuantas cosas que me tienen enganchada, para todos los gustos. Paso a enumerar:

En el apartado autobombo, yo sigo subiendo mis «entrevistas sin adulterar» a Soundcloud (pero como no estoy por la labor de hacerme cuenta pro, según vaya subiendo irán desapareciendo las más antiguas, así que iré poco a poco) y el próximo 29 de octubre sale Tour Vértigo en Libros Walden. Pero de eso ya escribiré más adelante, antes de que llegue el disco nuevo de Rosalía y me olvide de casi todo lo demás.

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Entrevistas sin adulterar

De lo que da de sí una entrevista a lo que se publica, a veces va un mundo: casi siempre por cuestiones de espacio, las entrevistas quedan reducida a la mínima expresión. Con internet eso ha mejorado algo, pero no del todo, porque nadie está por la labor de leer tochos por entregas online y a poco que una entrevista dure media hora, eso se traduce en un par de paginas de transcripción literal.

Tengo unas cuantas entrevistas digitalizadas que jamás se llegaron a publicar íntegras, ya fuera por el dichoso espacio o porque se trataba de ruedas de prensa, y muchas de ellas las hice para medios ya desaparecidos o que se han transformado tan radicalmente que ni conservan los artículos que se publicaron allí hace poco más de un lustro, así que en mi cuenta de Soundcloud podréis ir encontrando poco a poco, sin cortes ni censura, unas cuantas entrevistas y ruedas de prensa tal y como se hicieron.

 

De momento ya se pueden escuchar la masterclass de Los Planetas con Diego Manrique en la RBMA de Madrid, una rueda de prensa de Malcolm McLaren en la que decía cosas como que su abuela la recomendaba llevar tapones a los oídos a la escuela para que no le lavasen el cerebro, una entrevista de Lindsay Kemp en la que sí, claro, habla de Bowie, pero también de su amor por España y por el arte o la subida más reciente, una rueda de prensa de Marianne Faithfull en la que se queja de que le sigan preguntando por Mick Jagger como si no hubiera hecho nada más con su vida.

 

Próximamente, más.

 

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El cambio climático también se combate desde casa

Por repelente que suene, el medioambiente me preocupa desde que recuerdo tener algo de conciencia sociopolítica: la primera vez que me hice vegetariana fue en los 90, durante más de un año consagré las mañanas de mis viernes a hacer voluntariado en Greenpeace y si no empecé a reciclar antes fue por la sencilla razón de que en España era imposible por mucho que quisieras separar la basura.

Recuerdo cómo en Greenpeace ya nos hablaban de problemas que entonces parecían inimaginables pero que ahora no sólo son muy reales, sino que han superado la previsión más catastrofista que pude escuchar allí: en Berlín es verano desde mayo (cuando me vine hace 5 años tenía, literalmente, tres vestidos de verano porque no te hacía falta más), en el ártico ha habido incendios forestales, el «permafrost» se está derritiendo, aparecen burbujas de metano en lagos del Ártico, en Ciudad del Cabo se preguntan la sequía es extrema, la OMS dice que la dieta del futuro pasará por comer insectos… y en fin, todos leemos la prensa, así que  a nadie debería coger por sorpresa nada de lo que digo. Si aún hay quien se cree que no es para tanto, que se lea «This changes everything» de Naomi Klein.

Con este panorama, a mí me da mucha pena la gente que da saltos de alegría cuando tenemos 35 grados en Berlín durante días y días, quienes se quejan de que ya no den bolsitas o quienes no pueden vivir sin su nespresso ni su botella de agua mineral, porque son pequeños gestos que no nos cuesta nada cambiar y de los que va a depender el futuro del que de momento es el único planeta habitable. Hay gente que debería preocuparse aunque sólo fuera por puro egoísmo y por no querer terminar subido al techo de su casa en plena inundación o ver cómo sus hijos comen insectos o emigran para huir de la desertización. Y lo mejor, es que hay cosas que cuestan muy poco esfuerzo y además ahorran dinero:

    1. Come menos carne: yo no digo que todo el mundo tenga que ser vegano o vegetariano, pero. reducir el consumo de animales no cuesta tanto (que por otra parte se crían de forma tan tóxica y enfermiza que no sólo es inhumano, es que estás comiendo animales ENFERMOS). Esta vez no sólo he dejado de comer carne, también he reducido el consumo de  lácteos al mínimo y será cuestión de tiempo que deje el pescado (más no puedo reducir su consumo, pero ya hay animales que ni me planteo comer). Quien quiera saber cómo se cría lo que venden en los supermercados, incluso lo que va etiquetado como bio, que lea «Eating Animals» de J. S. Foer. Aviso: no es agradable.
    2. Lleva tu propia bolsa al súper: da igual que puedas comprar una de papel, cuanto menos gastes, mejor. Las bolsas de IKEA son un pozo sin fondo para ir al súper, cabe en ellas la compra de la semana y dobladas no ocupan nada. Si encima llevas una mochila, ahí puedes cargar los briks y botellas.
    3. Usa menos plástico: éste es uno de mis caballos de batalla y lo más difícil, porque hasta para comprar tomates parece que no te libras del dichos plástico. Las bolsas absurdas que dan en los supermercados para meter la fruta son innecesarias y además no se pueden reutilizar para nada. Contaminas para que la fruta no vaya suelta dos minutos. Si no quieres que los higos, el tomate o los limones se mezclen con paquetes pesados, lleva una tote bag de tela, y listo. Y ésa es otra: ¿pueden los distribuidores dejar de usar cinco envoltorios distintos para tres tomates? No hacen falta, de verdad. Mi último gran descubrimiento es el champú sólido: puedes meterlo en una caja de metal cuando viajas, no necesitas facturarlo, dura más que el tradicional y lo más importante, no terminará flotando en la playa o sirviendo de trampa letal para aves marinas o peces. Para ducharme, hace años que empleo mi propio jabón: una pastilla es tan eficaz como un gel de baño, y de nuevo, no lleva plástico.
    4. Recicla: es tan obvio, que da vergüenza escribirlo, pero hay demasiada gente que no lo hace.
    5. Consume menos: ¿cuántas veces has abierto el armario y te has encontrado algo que llevabas sin ponerte meses o que ni has estrenado? Hacer una camiseta supone un gasto de 2.700 litros de agua (de las condiciones en que se fabrica esa camiseta da para post y hasta para libro completo). No todo el mundo (yo tampoco) podemos prescindir de comprar ropa barata, pero sí puedo prescindir de esa falda que sé que no me pondré nunca y comprar en rebajas algo que sé que me va a durar algo más (el pijama que llevo puesto ahora, no exagero, tiene 18 años:  hay colores y estilos que no se pasan de moda jamás).
    6. Usa el transporte público. O la bici. O hasta el monopatín si quieres.
    7. La copa menstrual: todo ventajas.
música

Madonna

 

Con eso de que Madonna cumple 60 (¡60!) años, todo el mundo anda repasando su carrera, sus momentos más polémicos, sus looks, su música, sus hallazgos estéticos, sus amantes y poco falta ya hasta para que alguien rebusque en la basura para decirnos hasta qué se consume en su casa -entre tanto top me sorprende que aún nadie haya optado por las mejores stories del instagram de Madonna, que es muy de madre de 60 años que descubre los filtros y se pasa el día presmiendo de hijos, la verdad-.  De momento, el top de canciones de Jenesaispop, con su lista de Spotify incorporada, me parece de lo mejor (aparte de recordarme la cantidad de «hitazos» que tiene). Pero poca cosa estoy leyendo sobre lo que para mí siempre será la mayor aportación de Madonna, y es la cantidad de caminos que abrió no sólo a las artistas que han venido después y que incluso llevan años imitándola (¡hola, Lady Gaga!), sino a todas las mujeres que hemos visto cómo Madonna normalizaba situaciones y actitudes que eran impensables en el mainstream hasta que llegó ella.

Sexo

Sí, lo sé, Madonna no es la primera en hablar de sexo o llevarlo a la pantalla o cantar sobre él, pero sí fue la primera en hacerlo de forma explícita y siendo además la mujer más conocida de su época. Ni siquiera Beyoncé se atrevería a cruzar las líneas que cruzó Madonna teniendo además mucho menos control sobre lo que de ella se decía del que tiene Bey. Madonna simuló masturbarse en directo, protagonizó videoclips que parecían la versión BDSM de un cuadro de Tamara de Lempicka y en los que la podíamos ver arrastrándose por el suelo para beber leche de un cuenco, puso a Mondino a dirigir una orgía en blanco y negro, reclutó a Naomi Campbell y a Isabella Rossellini para su libro Sex (¡lo que me arrepiento ahora de no haberlo comprado entonces!), hizo de arneses, fustas y antifaces complementos normales a la hora de vestir o subirse a un escenario…  Madonna siempre reivindicó -y lo sigue haciendo- la sexualidad femenina sin tapujos, con ella dejaron de ser tabúes infinidad de temas, del orgasmo femenino a la masturbación pasando por la mera existencia de un deseo femenino que no tiene como fin complacer a un hombre: ahora puede parecer muy básico, y en otras culturas lleva años siéndolo, pero en el contexto del catolicismo -en el que ella también se crió- esto era un tabú: la mujer se casaba, tenía que parir y ser buena ama de casa, discreta, modesta, no dar pie a habladurías… todo lo demás, mal.

Catolicismo

Nada hay más católico que la culpa. Si devuelves la hostia en vez de poner la otra mejilla, culpable. Si disfrutas en este «valle de lágrimas», culpable. Si no te arrepientes, culpable. Y así con todo. El catolicismo es muy cansino: todo es pecado y aquí hemos venido a sufrir y te tienes que pasar la vida pidiendo perdón, llorando y expiando tus pecados. Con esas premisas tan sombrías, no sé cómo ha conseguido tantos adeptos (aparte de a la fuerza, claro). Así que llega Madonna, con todo su bagaje católico, apostólico y romano, y se planta también ante la iglesia: la ya encionada masturbación en directo, el famoso santo que cobra vida y al que besa en  «Like a prayer«: fue el punto culminante de pequeñas blasfemias como convertir los crucifijos en un complemento estético más, reivindicar el uso del preservativo y mandar callar a su padre en «Papa Don´t Preach» por mucho que al final opte por seguir adelante con el embarazo en vez de abortar. Si este año hemos visto a Rihanna vestida de papa y nadie se ha rasgado las vestiduras se lo debemos a Madonna, que ya se encargó de matar a disgustos al Vaticano.

Moda

No es que Madonna no haya dejado un estilo por tocar -que también-, es que además ha creado escuela, desde los ya mencionados crucifijos a lo de sacar a la calle la ropa interior a normalizar las cejas negras con pelo platino pasando por la que considero una de sus mejores aportaciones a la iconografía del pop: el corsé picudo. Sólo a ella se le ocurrió, Gaultier mediante, popularizar el corsé de abuela de los años 50 y convertirlo en una seña de identidad. Ha pasado a la historia como el rayo rojo sobre la cara de Bowie, los mocasines negros con calcetines blancos de Michael Jackson, las gafas redondas de John Lennon o la camisa de franela de Kurt Cobain. Lo mejor, en todo caso, sigue siendo que a sus 60 años viste como le da la gana, si quiere ponerse un corsé se lo pone, si quiere vestirse de dominatrix lo hace, si quiere ir con una batamanta también… el mensaje que lleva años mandando al mundo está claro: a la mierda lo que digan las modasy el cómo se supone que se debe vestir una con 20, 30 o 60 años. Si en unos años se ve normal que pasados los 50 se pueda seguir llevando corsés o sitiéndose sexy sin disfrazarse de señora mayor o sin esconder el deseo, se lo podremos agradecer a Madonna.

Techos de cristal

¿Cuántas mujeres antes que Madonna han logrado lo que ella en la industria musical, por sí mismas, sin formar parte de un grupo, sin tener un hombre detrás? Ni una. Ahora no nos sorprende una Beyoncé, o una Rihanna, o una Lady Gaga, o una Cardi B… pero hasta que no llegó Madonna, nadie más que los hombres alcanazaban ventas multimillonarias. Madonna se convirtió en la primera mujer en vender 5 millones de discos en 1985 y desde entonces sin parar: puede que ya no sea quien más vende, pero todo lo que hace sigue siendo noticia, sigue estando en la cumbre y sigue siendo una influencia incontestable. Y lo logró pese -o precisamente por- ser mujer, no encajar en los cánones de belleza de la época, descender de emigrantes, no tener padrinos… Ya da igual lo que haga con el resto de su carrera, Madonna Louise Veronica Ciccone hizo historia hace años.